Sexo, drogas y rock and roll, fue el camino que escogieron los siete integrantes del club de los 27. Vive rápido, muere joven, son algunas de las consignas que han caracterizado a las estrellas de rock fallecidas en extrañas circunstancias bajo los efectos de las drogas o el alcohol. Robert Johnson, comienza a escribir la leyenda de los músicos malditos en 1938, cuando de manera enigmática perece con una serie de interrogantes sobre su muerte. Brian Jones, guitarrista de los Rolling Stones; Jim Morrison, vocalista del grupo The Doors; Jimi Hendrix, el mejor guitarrista de todos los tiempos; Janis Joplin, cantante estadounidense y líder del movimiento hippie; Kurt Cobain, vocalista de la banda Nirvana e ícono del Grunge, movimiento musical de la década del 90; para finalizar con Amy Winehouse, cantante inglesa de jazz and soul.
Además, de ser grandes personajes del rock, todos dejaron de existir a la edad de 27 años. Rodeados de un mundo de plástico (superficialidad), arte (profundidad) y creación sumergida en dosis de LSD, peyote, crack, heroína o cocaína. La vida está reservada para los mortales, porque la majestuosidad de su legado material, músical y formas de autodestrucción los eleva a la condición de estrellas. Personas extrañas que compartieron con el mundo la belleza de sus notas, melodías, letras y canciones. Diversos mensajes en sí mismos, pero el misterio y maldición del club desnuda un número fatal: veintisiete.
Nicolás Cuevas
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